En el punto de mira: Con unos retoques y con más cuidado hubiera funcionado

El presidente de los Estados Unidos viaja a Salamanca para dar una conferencia. En medio del mitin, alguien intenta atentar contra su vida. La historia está contada a través de los ojos de ocho testigos: ocho versiones distintas sobre un único hecho. ¿Qué ocurrió realmente?

Aún recuerdo cuando vi el tráiler de la película por primera vez y me fascinó por dos cosas: la primera la trama y la segunda que esto sucediese en Salamanca, ciudad de mis abuelos. Lógicamente, mi entrada la tenían comprada y al salir del cine también recuerdo la desazón que sentí. Un cúmulo de sentimientos que se mantienen a día de hoy, tras haberla revisionado.

Resulta que tenemos al presidente de USA viajando a Salamanca a dar una conferencia de paz (o lo que sea) cuando surge un atentado terrorista. A partir de aquí, la historia viene y va, hacia adelante y hacia atrás, contada por cada uno de los protagonistas de la función. Hay que reconocerle tanto los logros como los fallos a Pete Travis (director) y Barry Levy (guionista) con todo lo que sucede en el film pues creo que partían de una idea bastante potente que se terminó perdiendo por el camino. Es un film fallido que, con unos retoques y con más cuidado hubiera funcionado y que si salvo de la quema es porque, al final del camino, me ha entretenido.

Pero tiene muchos altibajos, provocados, sobre todo, por ese voy y vengo, sin enlazar correctamente con los distintos personajes y contando cosas que ya has visto en demasiadas ocasiones. Es una película de hora y media que, con esos recortes, se podría haber quedado en cuarenta y cinco minutos.

Al parecer, los responsables del film no pudieron rodar en Salamanca (por lo que querían hacer en la Plaza Mayor) y fueron capaces de recrear la Plaza con todo lujo de detalles, las cosas como son. Pero se olvidaron de que la acción también debía transcurrir por las calles anexas y, ahí amigos, es donde reside otro de los puntos flacos del film. Una vez que la acción se desplaza, Salamanca parece más una ciudad de México que de España. Es algo sangrante y flagrante, más teniendo en el reparto a Eduardo Noriega al que, a lo mejor, podían haberle preguntado.

El reparto cumple, sin tiempo para más, porque esos vaivenes se podían haber ahorrado contándonos un poco más de los distintos personajes que componen la trama. Se agradece la variedad, pero no que se cuente tan poquito de ellos.

Es decir, un film de esos que te tragarías sentado en el sofá si la pasan por la televisión, pero que podría haber dado mucho más juego en un escenario tan bonito como lo es la ciudad de Salamanca.

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