La familia Bellows y su sombra ha aumentado en Mill Valley, ya que las historias de terror de la joven Sarah empiezan a cobrar realidad. Un grupo de adolescentes debe resolver el misterio que rodea a una serie de repentinas y macabras muertes que suceden en su pueblo.
Sin lugar a dudas, el terror está en auge en los últimos años. Esta nueva producción que da una vuelta al estilo del slasher juvenil, cuenta con el beneplácito / apadrinamiento de Guillermo del Toro y está dirigida por André Øvredal. Es un entretenimiento ligero, que logra algún susto efectivo a pesar de que abuse, en ocasiones, del aumento de volumen en la música para causar un mayor impacto.
Son, sin duda, los fragmentos en los que se cuentan los relatos cuando mejor funciona, ofreciendo al espectador justo lo que desea ver. Es entonces cuando surgen los monstruos, de diseño creativo y original, que comienzan a dar caza a sus objetivos con mayor o peor fortuna. Aquí es fundamental la mano de su director, ya versado en el terror y que se siente cómodo en parajes tenebrosos y creando atmósferas en casas abandonadas.
Una pena que el guión, ensimismado en esos momentos, no preste atención a sus cuatro personajes principales, dejándoles un tanto desdibujados. Si hubieran dado un poquito de profundidad a algún diálogo, nos habríamos encariñado más de alguno de ellos. De esta forma queda a gusto del espectador el que mueran o no, pues casi no hay tiempo a cogerles simpatía.
Situada y bien ambientada en los años 60, en plena era Nixon (lo cual lleva a pensar si no era él el que más miedo daba del film) no faltan los elementos esenciales de este tipo de producciones: Sí, hay sangre. Sí, hay gore. Y sí, hay algún que otro homenaje a los clásicos.
Es una pena que los productores, desde el principio, piensen en ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’ como el posible arranque de una franquicia y dejen la historia abierta. A pesar de eso, es un film entretenido que hará las delicias de los más fans del género.