Tick… Tick… Boom!: Andrew Garfield por encima de todo

Basada en el musical autobiográfico de Jonathan Larson, sigue a un aspirante a compositor de obras teatrales que trabaja de camarero en Nueva York mientras escribe Superbia, que espera que sea el próximo gran musical americano y lo que finalmente le dé su gran oportunidad. Jon también se ve presionado por su novia, Susan, cansada de poner las aspiraciones profesionales de Jon por delante de su propia vida. Mientras tanto, su mejor amigo y compañero de piso, Michael, ha renunciado a sus aspiraciones por un trabajo en publicidad en Madison Avenue y está a punto de mudarse. A medida que se acerca el 30 cumpleaños de Jon, se siente abrumado por la ansiedad, preguntándose si su sueño merece la pena.

Pues a pesar de ser una película que tiene buenos momentos, una factura más que correcta y, con sus idas y venidas dentro del guión, la sensación global y general que me deja ‘Tick Tick Boom’ es la de haber presenciado una película interesante, no paro de pensar en que termina siendo del montón, de esas que se acabarán olvidando y solo engrosarán filmografías porque, en gran parte, su protagonista, Andrew Garfield, está muy por encima de todo lo demás.

Hay películas que quedan eclipsadas por actuaciones de miembros del reparto y, esta, es un claro ejemplo. Nada más arrancar, vemos a Andrew a un nivel de actuación muy diferente, ya no solo al del resto del reparto, sino al resto de actores y actrices de su misma edad. Desde que le vi en ‘La Red Social’ con su amigable Eduardo Saverin, anoté su nombre para seguirle con lupa porque sabía que este chico iba a merecer la pena.

Y así es, hasta haciendo de Peter Parker dentro de un barullo de CGI resulta convincente. Aquí entona, canta, baila, ríe… es una actuación de lo más completa en la que el chico se exhibe y está perfecto. El problema es que interpreta a un chico en plena crisis existencial de los treinta, con la duda de entregarse a hacer algo más comercial que le permita sobrevivir o buscar la excelencia con un trabajo más profundo, pero, quizás más incomprendido.

Así, el filme podría haber jugado un poco con esa misma dualidad en el plano fílmico, pero se limita a decir, continuamente “¿Has visto lo que hace mi protagonista? Se centra demasiado en los incontables números musicales que, como digo, están bien, pero no termina de dejar huella más allá de la de su protagonista.

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