30 Monedas (Miniserie): Épica española

Judas traicionó a Jesucristo por 30 monedas de plata. 2000 años más tarde, una de ellas aparece en un pueblo remoto de España, desencadenando una serie de fuerzas sobrenaturales que amenazan con destapar secretos del Vaticano y aniquilar a la raza humana. En medio de todo estará el padre Vergara, un exorcista, boxeador y ex convicto exiliado en una parroquia del pequeño pueblo donde aparece la moneda. Vergara quiere olvidar y ser olvidado, pero sus enemigos lo encontrarán muy pronto… Cuando Vergara es relacionado con una serie de fenómenos paranormales ocurridos en el pueblo, Paco, el ingenuo alcalde, y Elena, una inquieta veterinaria, tratarán de desvelar los secretos de su pasado y el significado de la antigua moneda que Vergara mantiene oculta.

Creo que seré una de las personas que más palos le haya dado a Álex de la Iglesia a lo largo de su carrera, pero porque soy un fan acérrimo de su cine desde ‘Acción Mutante’ o ‘El día de la bestia’. Ha mostrado altibajos, pero siempre tenía un proyecto en mente que me llamaba mucho la atención y, esta vez, ha sido en forma de serie, con la que me ha callado completamente la boca.

La HBO le ha dado carta blanca para hacer todo lo que quisiese, para llevar a cabo todo tipo de locuras con un argumento absolutamente absorbente y adictivo girando en torno a las 30 monedas con las que Judas traicionó a Jesucristo. Y qué miniserie le ha salido, qué espectáculo, que adicción, que espera a que, cada sábado por la noche apareciese un nuevo episodio, qué factura más perfecta, que bien dirigida está y que épica española más buena se ha sacado de la manga.

Defectos hay, los tiene, pero son nimios y se los podemos perdonar porque la serie no se le va de las manos en ningún momento (el gran error que ha cometido en anteriores producciones). Es como si Álex de la Iglesia, tras años de recibir palos, hubiese decidido sacar la artillería pesada y callarnos la boca a base de bien, de un espectáculo televisivo como pocas veces hemos visto hecho en nuestro país.

Es que cada episodio era una yincana, una aventura nueva en el pequeño poblado gobernado por un alcalde bonachón (Miguel Ángel Silvestre demostrando, por enésima vez, que es un actorazo), la mala arpía de su mujer, la buena voluntad de la veterinaria (Megan Montaner, un auténtico descubrimiento), la incredulidad del cuerpo de policía y el desconcierto del hombre que ha perdido la fe (Eduard Fernández, superlativo). Parecía imposible lograr mantener el listón semana a semana y lo logra, ya sea con acción, espectacularidad o argumento.

¿Vería más episodios o una segunda temporada si la hubiese? Por supuesto, pero creo que es una decisión correcta terminar todo aquí. No hace falta dar explicaciones a todo y sí dejar volar un poquito la imaginación. Disfrutadla.

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