Misa de medianoche: Hombres de poca fe ¿Por qué dudáis?

Una comunidad al borde de la extinción y ávida de fe recibe la llegada de un carismático sacerdote, que trae consigo milagros, misterios y un renovado fervor religioso.

Como suele suceder con las series, ojito con los posibles SPOILERS a partir de aquí.

Que Mike Flanagan era un director al que seguir lo sabíamos desde hacía tiempo. Un tipo que ha sido capaz de lidiar con secuelas de clásicos cinematográficos importantes (‘Doctor sueño´) o con series en la pequeña pantalla que llevasen su sello (‘La maldición de Hill House’). Para todos aquellos que llevábamos siguiéndole desde hace tiempo, ‘Misa de medianoche’ es un auténtico regalo.

Viajamos hasta un pueblo pequeño situado en una minúscula isla costera que consigue sobrevivir gracias a la poca pesca que hay. Un placentero lugar en el que uno se da cuenta pronto, viendo a sus habitantes, de que pasan pocas cosas allí. La gran noticia estos días es la llegada del nuevo sacerdote, que viene con ganas de ganarse a los fieles.

Flanagan consigue construir perfectamente el relato yendo de menos a más. Tras un par de capítulos muy introductorios y necesarios para entrar en la dinámica de la serie, en los que vamos conociendo a los personajes que nos van a embarcar en la historia, me encuentro subido al misterio de la iglesia de St. Patrick casi desde el minuto uno.

Hay tantas cosas que me ganan en sus bien construidos personajes que no sé por dónde empezar. Esa pena y hastío que envuelve al “protagonista” (entre comillas porque, al final, ‘Misa de medianoche’ es la historia del pueblo en su conjunto) destrozado por una tragedia anterior, la esperanza de esa mujer embarazada, esa familia que intenta cicatrizar sus heridas, esa médica perdida lidiando con el paso del tiempo… es como si, realmente, ese pueblo necesitara un milagro.

A pesar de que la serie no consigue esconder su baza principal (se ve venir, pero no penaliza demasiado), el desarrollo es tan interesante, los diálogos son tan fluidos, inteligentes y brillantes que cada nuevo episodio es una aventura. Luego está Flanagan, que es capaz de filmar escenas terribles de una forma bellísima.

Porque en ‘Misa de medianoche’ funciona todo. En cualquier otra serie esta duración excesiva de capítulos (en algunos casos más de una hora) sería un punto en contra, pero aquí no decae el interés en ningún momento. Nunca he mirado el reloj y que la historia se cierre en una temporada es la mejor decisión de Flanagan.  

Una de las series del año. No os la perdáis.

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