Snake Eyes – El Origen: No es tan mala como la pintaban pero…

Basada en la conocida línea de juguetes G.I. Joe, se centra en la historia de los orígenes de Snake Eyes, el ninja silencioso siempre vestido de negro y del que no se conoce el rostro, y cómo intenta convertirse en miembro del clan Arashikage. Junto a él conoceremos otros personajes como La baronesa y su archienemigo Storm Shadow.

Siendo sinceros, viendo como casi cancelan el estreno en salas y que las críticas no eran nada halagüeñas, me esperaba un producto bastante peor y mucho más desastroso. Tampoco os engañéis, ‘Snake Eyes: El Origen’ está lejos, lejísimos de ser un buen blockbuster veraniego con el que, al menos, pasar un buen rato. Pero no es tan mala como la pintaban.

Partiendo de la base de que queremos reiniciar una franquicia con dos entregas que, dicho sea de paso, tampoco eran una maravilla, ‘Snake Eyes: El Origen’ ficha como director al responsable de la entretenidísima saga ‘RED’ Robert Schwentke, pero este no es, claramente, la elección adecuada para tal empresa. Schwentke se siente más cómodo en un terreno más cercano a la comedia, como sucedía en la saga de Willis y compañía y aquí el film abraza ampliamente el cine oriental en las secuencias de peleas y espionaje. Es decir, Schwentke no termina de pillar el punto a su film y si él no lo hace, el espectador tampoco.

No arranca mal, aunque el guión esté más visto que el Clip del Word. Al menos resulta intrigante y llamativa, pero lo peor de todo es que luego cae en un valle en el que la trama debería de sujetar lo que se ve en pantalla y no lo hace, volviéndose bastante, bastante aburrida. Y eso, en una película de verano, es imperdonable.

Los fichajes estrella de Úrsula Corberó y Samara Weaving tampoco lucen demasiado, con muy pocas escenas en las que podamos evaluar su talento. Están, lucen palmito, y se van con el cheque cobrado. Tampoco me termina de resultar todo lo épico que se pretende la rivalidad entre Henry Golding y Andrew Koji.

En resumidas cuentas, si partimos de la base de que esto es G. I. JOE, nos daremos cuenta de que no había que pedirle peras al olmo, puede amenizarnos una tarde tonta en el sofá.

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