Crash: La velocidad de la vida

El descubrimiento en una cuneta del cuerpo de un hombre brutalmente asesinado hará que las vidas de varias personas se entrecrucen en Los Ángeles. Un policía veterano y racista, su compañero novato e idealista, la esposa del fiscal del distrito, un tendero iraní, un acaudalado matrimonio negro… Entre estos personajes surgirán tensiones raciales, religiosas y sociales que ilustran la caótica vida de los habitantes de Los Ángeles.

Es la sensación de contacto. Así, arranca esta maravillosa película (a la que mucha gente tiene manía por el hecho de arrebatar merecidamente el Oscar a ‘Brokeback Mountain’) de historias y vidas cruzadas que nos habla de la velocidad de la vida. A veces avanza de forma tan rápida que no eres capaz de seguirla e, inevitablemente, chocamos con otras personas en el trayecto.

Es lo que le sucede, en esencia, al grupo de personajes que nos comprende y que, mediante el tema principal del racismo, agrupa Paul Haggis en un guión muy estudiado, casi milimétrico. Cuando la película arranca y desarrolla las distintas subtramas, en ningún momento sabes cómo van a terminar. Pueden ser personaje estereotipados sí, pero todos esos van a vivir experiencias que nos acercan, de una forma u otra, a ellos. Tenemos a una pareja adinerada, a un par de ladrones de poca monta, una pareja de policías clásica (formada por un principiante y un experto), un cerrajero, otra pareja de color, una familia persa… todos ellos continúan con sus vidas sin saber que, en el momento que menos esperan, van a chocar y ser partícipe de las otras historias de la película.

Así, cuando el film está dispuesto a desenredar la madeja, van surgiendo instantes icónicos (bien rodados, montados y actuados por su reparto coral) que aún permanecen en la retina, como la asfixiante escena del accidente de coche o el manto de la niña. Es acordarme de ambas mientras escribo y aún se me erizan los pelillos de los brazos o se me pone un nudo en la garganta. No exagero.

‘Crash’ no tiene una moraleja final ni necesita tenerla. No hay un gran mensaje almibarado que estropee la función. No tienes por qué, por ejemplo, pensar que algo ha hecho cambiar el pensamiento de ese policía quemado. Simplemente, asumes que la vida continúa, y que los choques volverán a producirse. Por eso, porque ofrece una experiencia única en su primer visionado, es por lo que no te la puedes perder.

Es cine que, no solo se ve, se siente.

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