Malasaña 32: Javier Botet, la película

Manolo y Candela se instalan en el madrileño barrio de Malasaña, junto a sus tres hijos y el abuelo Fermín. Atrás dejan el pueblo en busca de la prosperidad que parece ofrecerles la capital de un país que se encuentra en plena transición política. Pero hay algo que la familia Olmedo no sabe: en la casa que han comprado, no están solos…

No tengo absolutamente nada en contra de Javier Botet, ¿Eh? Pero no me podéis negar que en esta película está sobreexplotado. Que si ahora haces este papel, luego este, luego te maquillo… en definitiva, todo es un show preparado para su mayor lucimiento, porque lo que es luego la cinta deja mucho que desear.

Nos trasladamos al Madrid de los años 70, en donde una familia compra un piso para instalarse en la capital y empezar una nueva vida. Los padres a trabajar, el hijo mayor a buscar trabajo, y la hija a cuidar del pequeño y el abuelo. La casa, como podréis sospechar, está encantada y no tardan en pasar cosas paranormales que intentan dar mal rollo o asustar al espectador gracias al viejo truco de… sí amigos, SUBIR EL DICHOSO VOLUMEN DE LA MÚSICA. Claro, si este es el nivel de terror que va a ofrecer Albert Pintó como director, pues apaga y vámonos.

Además, todo en el montaje tiene que ser muy rápido, para que no te dé tiempo a ver bien lo que estás viendo y te entre canguelo… o no te enteres ni un pimiento de lo que está pasando. Para ejemplo la escena de introducción inicial, que luego no tiene ningún interés ni sentido argumental. El remate nefasto es utilizar una canción “buenrollera” como contrapunto mientras pasan los rótulos iniciales.

Mientras tanto, yo sigo intentando situarme y encontrar un personaje con el que empatizar, pero se me hace muy difícil. Un padre que en camiseta interior tiene más músculos que Bruce Willis en ‘Jungla de Cristal’ y al que le importa un pimiento que el hijo se haya perdido. La madre, que lo poco que sé de ella es que es trabajadora de Galerías Preciados. Pepe, el hijo mayor, que se pasa tirado en la cama media película y es tartamudo (¡Oh! ¡Qué buena definición de personaje!). Amparo, la hija mayor, atormentada por todo lo que pasa en la casa y a la que nadie cree. El abuelo, que simplemente pasaba por el rodaje y se quedó. El niño gafotas, al que nadie le pregunta nada.

Es decir, ‘Malasaña 32’ no funciona. Se vuelve pronto una película aburrida, de susto fácil y que pierde todo interés según avanzan los minutos.

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