Air Force one: Patriotada la mar de entretenida

El Presidente de los EE.UU., James Marshall, regresa de un viaje oficial a Rusia a bordo del Boing 747 Presidencial, el famoso Air Force One. Un grupo terrorista ruso se apodera del avión y toma como rehenes a la familia y a los miembros del equipo presidencial.

Aunque a algunos no les entusiasme recordar el cine de los años 90, servidor, como la Lenina Huxkey de ‘Demolition Man’, es un entusiasta de una década dorada que nos otorgó algunos de los mejores Blockbusters pre-efectos por ordenador que jamás volveremos a ver en una sala de cine. Aquellas películas estaban dirigidas por artesanos con el talento suficiente como para saca oro a guiones que sonarían ridículos (me viene a la cabeza Simon West en ‘ConAir’) y protagonizadas por actores repletos de carisma. ‘Air Force One’ es un clarísimo ejemplo de aquella época.

Tras una operación militar secreta llevada a cabo a “pachas” entre Estados Unidos y Rusia, unos terroristas secuestran el avión del presidente con él a bordo (¡Insensatos!). Tras zafarse del secuestro, paradójicamente, él es el único que puede solucionar la situación. Si sois capaces de leer estas dos líneas, que es en lo que se basa el guión, sin sonreír es que no habéis pillado correctamente el tono del film… ni de esta crítica.

Es cierto que su director, Wolfgang Petersen se esmera en que todo parezca lo más real posible y que te tragues lo que está sucediendo, pero hay algunos diálogos y escenas que, de forma intencionada, hacen imposible tomarse completamente en serio la propuesta, y eso es algo que la hace diferente a otras producciones actuales de mismo calado. Además, Petersen juega muy bien sus bazas y sabe ganarse al espectador americano ávido de espectáculo patriota. Y le da lo que pide, vaya si se lo da.

En todo momento ‘Air Force One’ es un film desenfadado que busca simple, y llanamente entretener. Es su objetivo número uno y lo consigue de manera muy sobrada. Gracias, en parte, a un protagonista al que el cine debe mucho, muchísimo. El antihéroe galáctico por excelencia que dio vida también al hombre que puso nombre a la aventura. Es Han Solo, es Indiana Jones y ahora es el Presidente de los Estados Unidos. En plena era Trump, tú y yo le votaríamos (que tiene a Glenn Close a su lado y la mujer sabe sufrir, y sufre mucho en esta película). En esta aventura de altos vuelos Ford es la enésima reencarnación del hombre de a pie que debe lidiar con una situación comprometida.

En frente, el villano por excelencia de los años 90: un Gary Oldman que llena la pantalla gracias a que es el único actor al que le da igual qué papel tiene que interpretar o qué calado tenga el film. Oldman se compromete hasta el infinito y más allá y por eso cuando replica a la hija del presidente o habla vía telefónica con la vicepresidenta te lo crees, le odias y deseas que reciba su merecido.

No es un peliculón, ni mucho menos, pero no me equivoco si afirmo que ‘Air Force One’ es una de las películas más entretenidas de la década, beneficiada por un reparto solvente y una buena dirección.

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