Hogar: El psicópata nace o ¿se hace?

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Javier Muñoz era un ejecutivo publicitario de éxito pero, tras un año en el paro, él y su familia se ven obligados a dejar el piso que ya no se pueden permitir. Un día, Javier descubre que aún conserva un juego de llaves de su antigua casa, y empieza a espiar a la joven pareja que ahora vive allí. Poco a poco, Javier empezará a infiltrarse en la vida de los nuevos propietarios, decidido a intentar recuperar la vida que ha perdido… a costa de quien sea.

Que no os quede duda de que ‘Hogar’, en otras manos, habría terminado pasando inadvertida en horario de sobremesa por culpa de alguna cadena de televisión, pasando con más pena que gloria sin que nadie se acordase de ella. Es un argumento que hemos visto en más de una y de dos ocasiones y que, encima, tiene alguna “cosita” que se podría haber pulido (el repentino cariño que siente la mujer de Mario Casas por el protagonista, por ejemplo). Pero tiene dos puntos a favor: la primera es que cuenta con factura de Netflix, es decir, luce maravillosamente bien (esto no lo es todo, pero ayuda).

La segunda es que tiene a los hermanos Pastor detrás del proyecto, artificies principales de que esto no me huela a telefilm casero. No inventan la pólvora, ni falta que les hace. Simplemente siguen el dicho de que, si puedes contar una historia mil veces vista de una forma diferente, puedes lograr que el espectador se la trague enterita. Así ha sido.

Aprovechan su mayor baza, la de tener a un actor principal en estado de madurez, capaz de soportar el noventa por ciento de los planos del film. EL psicópata nace o ¿se hace? Porque Javier es un hombre corriente, de nuestra época, hastiado de no salirse con la suya y de los continuos impedimentos que sufre en la vida. Tiene una actitud de “triunfador”, aunque no terminan de salirle las cosas. No acepta su nuevo estatus social. Podríamos ser tú o yo, muy pasados de rosca, pasando una mala racha.

A partir de ahí, crean una atmósfera cotidiana, para que todo de la sensación de que “te puede pasar a ti”. Es un arma de doble filo porque, quien no entre por ciertas “decisiones del guión”, seguramente terminarán desconectando. Pero, por ejemplo, a mí no me importó tanto que el dueño no cambiase el bombín, porque quiero saber a dónde va a parar la historia.

Las piezas encajan perfectamente, la intriga va de la mano de sus actores, que están más que correctos y la labor de dirección es buena. No queda más que disfrutar de ‘Hogar’ y hacer memoria de a quién le habéis dejado las llaves de vuestra casa.

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