Judy: Renée

Durante el invierno de 1968, treinta años después del estreno de ‘El mago de Oz’, la leyenda Judy Garland llega a Londres para dar una serie de conciertos. Las entradas se agotan en cuestión de días a pesar de haber visto su voz y su fuerza mermadas. Mientras Judy se prepara para subir al escenario, regresan los fantasmas que la atormentaron durante su juventud en Hollywood. A sus 47 años, la cantante se enfrenta a las inseguridades que la acompañaron desde su debut, pero esta vez vislumbra una meta firme: regresar a casa con su familia para encontrar el equilibrio.

Lo siento mucho, pero ‘Judy’ no es una película para mí. Cuando una cinta tiene tufillo a que está hecha por y para la gloria de su actor o actriz principal que va en busca de la estatuilla dorada (al precio cinematográfico que cueste), me suele tirar para atrás. No digo que Renée no esté fantástica (para mi gusto, incluso sobreactuada), que lo está, pero copa tal grado de protagonismo que no se si estoy viendo un biopic sobre Judy Garland o, directamente, una sesión de dos horas de improvisación de la actriz. El resto de componentes no importan, lo importante es que ella sobresalga por encima de todo lo demás. Y qué queréis que os diga, todo lo demás es tan del montón que terminas desinteresado y desconectado de la historia.

La película sigue el rebufo del éxito generado por el interés de la industria en mostrarnos las agitadas vidas que se escondían detrás de muchas de las estrellas de antaño (véase Elton John o la banda Queen). Nos queda claro que la pobre Judy, que saltó a la fama de niña sufriendo pronto el precio que supone ser una estrella mediática (alcohol, insomnio) y que, además, tenía una vida familiar nula, sirven para componer un personaje que tarde o temprano se tenía que caer por su propio peso.

Y ahí es donde va, centrándose en su última etapa encima de los escenarios, sin mucha profundidad y donde se la veía en clara decadencia. Al ir tan directa al grano, no existe tampoco una clara evolución. Da la impresión de que es un film insustancial del que realmente no hay nada que merezca la pena destacar. Es muy mundana en la dirección, Rupert Goold está para rodarlo e irse a otros asuntos. Quizás pueda interesar a los más fans del personaje.

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