Padre no hay más que uno: Santiago Segura familiar

Javier es lo que hemos bautizado como un “marido-cuñao”. Ese que sin ocuparse en absoluto de lo que supone el cuidado de la casa y de los niños, sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer, y que continuamente regala a su mujer frases del tipo: “Es que no te organizas”, o “no te pongas nerviosa”, ya que considera que su desbordada mujer se ahoga en un vaso de agua. Javier tendrá que enfrentarse a la realidad que supone bregar con cinco hijos (de entre cuatro y doce años) cuando su mujer decide irse de viaje y dejarle solo con ellos. La caótica situación que se provoca en casa evolucionará de forma progresivamente cómica hasta el desastre más absoluto, pero a la vez les dará la oportunidad a padre e hijos de conocerse y disfrutarse por primera vez. Una experiencia que cambiará sus vidas para siempre.

Dice Santiago Segura que esta película la ha hecho porque no podría mostrarle a sus hijas ninguno de sus anteriores trabajos. Lo cierto es que, cine para toda la familia, pues no hace la verdad. El primer Torrente, por novedoso, desde luego era algo diferente dentro del cine español pero, a partir de la segunda entrega, la saga encontró acomodo en lo casposo y en los cameos de famosos. Tampoco hay que echarle la culpa, vio el filón del dinero y se puso a hacer películas como roscas.

Ahora bien, como cineasta se le nota muy acomodado. Ya su anterior trabajo, ‘Sin Rodeos’ dejaba claro dos cosas: la primera es que sus producciones están un nivel por encima del resto por reparto, por calidad artística y porque, al fin y al cabo, se deja pasta haciéndolas. Lo segundo, que no corre ningún riesgo y va a lo seguro: historia sencilla, cameos de amiguetes y ya.

Pues ‘Padre no hay más que uno’ es la versión familiar de todo eso. Lo original de la propuesta, se diluye ante su nula capacidad creativa. Donde otros hubieran ido un punto más lejos, él se queda haciendo una película de domingo o sábado por la tarde, de ver con los críos y pasar un rato entretenidos, sin pena ni gloria. Los críos muy simpáticos, los cameos graciosos y algún gag conseguido la salvan de la quema.

A Santiago podríamos pedirle mucho más, pero creo que no le interesa. Un producto pasable, sin más.

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