La cosa (1982): El enigma de otro mundo

En una estación experimental de la Antártida, un equipo de investigadores descubre a un ente extraño venido del espacio, que según todos los indicios ha permanecido enterrado en la nieve durante más de 100.000 años. Al descongelarse, experimenta una metamorfosis sorprendente…

Hacía tanto tiempo que no revisionaba ‘La Cosa’ de John Carpenter (la vi en aquella época maratoniana de mi vida llamada adolescencia en la que debía saldar un montón de deudas cinéfilas pendientes) que ha sido casi como volver a apreciar una obra nuevamente. Sin duda, creo que estamos ante la película más redonda de Carpenter y que, a pesar que el paso del tiempo pueda hacer mella en alguna escenita en concreto, sigue siendo una obra cumbre del cine de terror.

El film arranca desde el primer minuto con una extraña secuencia de persecución que hubiera cambiado por completo el devenir de los protagonistas, un grupo de investigación en la Antártida que descubrirá un ser venido del espacio exterior capaz de metamorfosearse en quien quiera. Sin duda, en su momento, encomiable trabajo de Rob Bottin con los efectos visuales, tanto en el realismo como en el diseño de “la cosa”.

El film, funciona muy bien como adaptación de la novela de John W. Campbell (ya adaptado en su momento por Christian Nyby y producida por Howard Hawks). Carpenter sabe cómo dosificar la trama (y es que llegas a sospechar de todos y todo), la acción y el espectáculo para crear un film muy compacto y entretenido en sus ciento cinco minutos de metraje. Se sirve además de la magnífica partitura de Ennio Morricone (¿en serio nominado a los Premios Razzie?) para conseguir que todo vaya, poco a poco in crescendo. Icónico Kurt Russell, en su época dorada en el cine, encabezando el reparto como el líder al que recurrir en situaciones extremas.

Como suele suceder en estos casos, la película en su momento fue un fiasco que no triunfó ni entre la crítica, ni entre el público, aunque siempre he creído que a Carpenter le han sabido apreciar siempre mucho más los cinéfilos surgidos de videoclub, entre los años 80 y 90. Así pues, no hagáis caso a las críticas antiguas. Recuperad un clásico de los de antes. Un clásico, como Dios manda.

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