Juego de Tronos (T8): Victima de las prisas

Una aventura que llega a su fin. Tras ocho temporadas analizamos el comentadísimo final de ‘Juego de Tronos’.

Ojito con los posibles SPOILERS, como siempre.

Después de que el Muro cayese a manos del Rey de la Noche y uno de los dragones de Daenerys fuese revivido como si de un caminante blanco se tratase, todos deben unir sus fuerzas para luchar contra un enemigo en común. Sin embargo, Cersei tiene otros planes totalmente diferentes que involucran a la Compañía Dorada y a Euron Greyjoy.

Ocho años (o quizás más) de aventuras y desventuras en Poniente, el paraje ideado por George R. R. Martin, dan para mucho. A estas alturas, cada uno tenía en mente un final, una idea preconcebida de quién debía, a su juicio, ocupar finalmente el trono de hierro. Por lo que, inicialmente era muy difícil contentar a los millones de fans que se congregaban temporada tras temporada delante de la televisión para ver el desenlace final de la serie.

Así pues, inevitablemente, me uno al grupo de los defraudados, pero por razones diversas. El final es el que es. Veremos si en los libros se cumple lo visto en pantalla o tenemos final sorpresa, pero es el que hay. Eso sí, se le pueden sacar muchas pegas.

Para empezar, creo que se comete un error garrafal de planificación. El plan establecido por la HBO era dar carpetazo al show con ocho capítulos que rondaban o superaban la hora de duración. ¿Es tiempo suficiente como para cerrar todo? Visto lo visto, está claro que no. Todo hubiera funcionado mucho mejor desarrollando las tramas principales en temporadas distintas, primero de los caminantes blancos, y después del trono de hierro.

La gran amenaza, durante tantos años, ha sido la inminente llegada de los caminantes blancos. Una lucha que prometía ser encarnizada, que podía hermanar distintas facciones y hacer que nos despidiésemos de más de un personaje conocido. Pues bien, los guionistas deciden terminar con la trama en el tercer episodio de la temporada, una elección garrafal y más por culpa del decepcionante y embarrullado episodio.

Pero eso ha sido una constante durante los seis episodios finales en los que las tramas han ido avanzando a pasos agigantados. Las prisas no son buenas consejeras, los fallos han sido cada vez más clamorosos en las redes y terminan dando momentos un tanto embarazosos, imprecisos o indignos de ciertos personajes (esto lo ha sufrido mucho Tyrion, por ejemplo).

Si por algo se había caracterizado ‘Juego de Tronos’, es por las muertes inesperadas de personajes protagonistas. En esta última etapa, todo está demasiado encorsetado y tan calculado que se pierde el efecto sorpresa. Desde el cuarto episodio, uno puede imaginar el final de Daenerys, Cercei o Tyrion.

Así pues, ponemos punto y final a una serie que hemos disfrutado, pero cuyo final, como tantas veces, ha terminado por no estar a la altura.

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