La sociedad literaria y el pastel de piel de patata: Cortesía inglesa

En 1946 una escritora de espíritu libre, Juliet Ashton, establece una amistad con los residentes de Guernsey Island tras la Segunda Guerra Mundial, y decide escribir un libro sobre sus experiencias durante la guerra.

Hay películas que derrochan tanto encanto que es imposible llevarse mal con ellas. Aunque tengan un final tan sumamente trillado como el que nos ocupa, el carisma del reparto, los personajes o el paisaje, terminan siendo pluses que inclinan la balanza a su favor.

Basada en la novela de Annie Barrows y Mary Ann Shaffer, ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ nos cuenta la historia que existe detrás de estas personas que en los años 40, intentando escapar de la tiranía nazi, se inventan este grupo que les permita recuperar su autoestima y sentirse, de nuevo, personas. El truco está claro, en que los alemanes después querrán comprobar que todo esto es verdad.

Una vez arrancada la idea principal, nos trasladamos unos cuántos años más en adelante para encontrarnos con la verdadera protagonista, Juliet Ashton, una escritora que pronto se enganchará a la historia que hay detrás de la sociedad literaria y que esconde más de un secreto.

El director Mike Newell rueda con encanto y se aprovecha de la maravillosa belleza que desprende el paisaje para seducir al espectador y hacer que la distancia entre la butaca y la pantalla grande sea mínima. Lo que vemos nos parece real, entre otras cosas porque los personajes son lo más reales posibles. Aquí hay que destacar a su buen reparto (Lily James, Michiel Huisman, Glen Powell, Jessica Brown Findlay, Matthew Goode, Tom Courtenay o Penelope Wilton) pues lo cierto es que están todos estupendos.

El único problema que le encuentro a la cinta, es el final. No es por el Happy End, pues todo en ello demanda un final feliz que no te borre la sonrisa de la cara. El problema es que sea ESE Happy End. Es una fórmula tan trillada a lo largo de los años, que la convierte en un film demasiado previsible. Hubiera preferido algo más arriesgado, y más cuando las bases iniciales de la trama daban para ello.

Pero como digo, a pesar de ese detalle, ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ es una entretenida y amena propuesta que, estoy seguro, os encantará.

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