El Reino: Una bofetada al espectador

Manuel, un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción junto a Paco, uno de sus mejores amigos. Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale indemne. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos. Aunque el partido pretende que cargue con toda la responsabilidad, Manuel no se resigna a caer solo. Con el único apoyo de su mujer y de su hija, y atrapado en una espiral de supervivencia, Manuel se verá obligado a luchar contra una maquinaria de corrupción que lleva años engrasada, y contra un sistema de partidos en el que los reyes caen, pero los reinos continúan.

¿Puede una película golpearte (Metafóricamente hablando) tanto, y de tal forma, que te deje noqueado durante unos instantes, pensativo en tu butaca mientras asimilas lo que acabas de ver? ¿Puede hacerte reflexionar sobre todo lo que ha sucedido en los últimos diez años (por ejemplo)? Pues Rodrigo Sorogoyen lo logra y si no lo hace, es porque no has estado atento a todo lo que pasaba.

‘El Reino’ es esa clase de película de la que todo el mundo va a estar hablando entre los círculos cinéfilos. Una perfecta reflexión sobre los tiempos que corren en los que se obvian siglas de partidos y nombres en clave, pero se mantiene la trama y algunos de los sucesos que aún, hoy en día, siguen sin estar esclarecidos. Ese es uno de los grandes aciertos del film, el de no poner nombres propios, el de «si esto te revuelve la bilis pues echa un vistazo a tu alrededor porque está pasando AHORA MISMO».

Descubrimos personajes tan deleznables como poderosos, absolutamente corrompidos, que se burlan de compañeros de partido mientras comen una buena mariscada al lado del mar. Entre ellos descubrimos a Manuel, otra vez Antonio de la Torre en modo «destroyer», en modo «monstruo absoluto de la interpretación». El tío aguanta los primeros planos como nadie y consigue que hasta sienta un poco de lástima por un individuo de su calaña.

Pues bien, el suceder de los acontecimientos le llevará a ser el apestado del partido. Esos mismos compañeros que comen con él, no querrán verle ni en pintura. Sin complejidades, sin fuegos de artificio, todo rodado con mucho realismo y con muchísimo oficio.

Cabe destacar si cabe, dentro de la tensión creciente durante todo el metraje (gracias en parte a esa música, al principio desconcertante, luego necesaria), la escena del piso y cómo su director es capaz de hacerte pasar un mal/buen rato, de que sudes la gota gorda como está sudándola su personaje principal.

Pero luego, encima, es capaz de terminar con la BOFETADA DE REALIDAD, un golpe directo a la mandíbula del espectador en forma de monólogo de Bárbara Lennie (una bien plantada sucedánea de Ana Pastor) que teja completamente descompuesto. Y aún me dura.

‘El Reino’ es cine español de primera amigos. Más allá de partidos, más allá de insignias. Reflexionad, porque hay mucho sobre lo que discutir y debatir. Y si no estáis de acuerdo, es que no hemos visto la misma película.

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