Orange is the new black (T6): Por cada acción, una reacción

Cumple seis temporadas la ficción ideada por Jenji Leslie Kohan para Netflix y basada en las experiencias de Piper Kerman. Cada temporada de ‘Orange is the new black‘ nos ha satisfecho y no ha resultado indiferente. Hoy, analizamos la nueva.

Ojito, que no he podido acultar más de un SPOILER. Avisados quedáis.

Si algo hemos aprendido durante la sexta y magnífica temporada de ‘Orange is the new black’, es que por cada acción hay una reacción y las consecuencias pueden ser terribles. Lejos de amilanarse, lejos de ofrecer un final azucarado, parece que a los responsables de la serie les gusta hacernos pasar un mal rato haciendo sufrir a nuestras internas. Y tampoco es cebarse, es basarse en la cruel realidad.

La trama central gira en torno a Taystee, la gran perjudicada del motín al haber sido la negociadora y cabeza visible. Sus acciones, que solo buscaban justicia, se verán ennegrecidas por culpa de una desafortunada acción y una traición de una de sus compañeras (perfectamente explicada por el flashback, donde vemos la verdadera calaña de Cindy). Taystee, un personaje que lleva siendo un todoterreno desde que arrancó la serie, moverá cielo y tierra para intentar que no la caigan más años de condena. Es curioso como el futuro del personaje ha girado tanto porque, si lo pensamos, en la primera temporada llegó a salir de prisión y volvió porque no sabía qué hacer fuera. Al menos tiene un aliado, Caputo, en busca de redención.

Así, esta nueva temporada nos deja muchos detalles y muy buenos, empezando por la genial escena de inicio, metiéndonos en la cabeza de la pobre Suzanne. A partir de ahí, perdemos la pista de algunas internas y nos centramos en las que protagonizarán la gran disputa entre los bloques C, D y F. Ahí, nos dolerá ver caer una vez más a Gloria o a Red, fruto de sus ansias de venganza. Es una pena ver caer a Dayanara en las redes del mal (ojito porque el personaje de “Papi” es muy curioso), pero por primera vez parece que coge las riendas de su vida, algo que no ha hecho en toda la serie y lo que supone eso para Aleida.

La incursión de nuevos personajes sirve también para dar refresco a la trama. Las dos hermanas mafiosas (Barb & Carol) que comandan los bloques C y D y que buscan acabar con Frida no pueden ser más interesantes y geniales (y tampoco se las podía haber dado otro final que no fuese ese). El nuevo foco de mi odio, tras la redención de Ruiz, pasa a ser Madison, inaguantable allí donde esté.

La serie nos vuelve a dejar colgados en un momento crucial, sin saber qué pasa con el bebé de Morello (mi personaje favorito junto con Nichols) o qué va a pasar ahora con Chapman o Flores. Desde luego, da la impresión de que la serie está dando los últimos coletazos y se vislumbra en el horizonte un posible final. Pero, una vez más, ‘Orange is the new black’ vuelve a salir airosa, vuelve a ser la serie que esperábamos y recupera nivel (gracias, entre otras cosas, al nuevo escenario de “Máxima Seguridad”) respecto a la anterior temporada, demasiado de transición.

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