Resident Evil: Cómo salvar los muebles adaptando un videojuego

En un centro clandestino de investigación genética -con fines militares- de una poderosa multinacional se produce un brote vírico que contamina todo el edificio. Para contener la fuga el ordenador que controla el centro sella toda la instalación y, en un principio se cree que mueren todos los empleados, pero en realidad se han convertido en feroces zombis…

Recupero la sección de clásicos de cine con un film que, quizás, no esté en vuestras videotecas pero que creo que merece estar incluida debido a que, en mi opinión, es la excepción que confirma la regla de que “No se puede adaptar un videojuego a la gran pantalla”.

Más mal que bien, a lo largo de los años hemos visto desfilar a Mario Bros, los personajes luchadores de Street Fighter (en dos dolorosas ocasiones) o ‘Mortal Kombat’ (una quizás salvable, la otra mejor olvidarla) por poner un ejemplo. Todas ellas eran intentos que no conseguían plasmar la esencia del juego en el que se basaban. Es en ese terreno donde ‘Resident Evil’ se salva de la quema.

Para empezar porque juega la magnífica baza de empezar de cero la historia. Viajamos al interior de la Umbrella Corporation para ver cómo sucedió todo, como se creó el virus y se inició el contagio. Es más, los responsables se la juegan introduciendo un personaje completamente nuevo dentro de la trama: el de Alice, una Milla Jovovich que pasaría a ser el eje central de la trama de películas.

Dos féminas (ella y la ruda Michelle Rodriguez) encabezan el reparto en el que también podemos ver a James Purefoy haciendo sus primeros pinitos en superproducciones. Junto a ellos, nos adentramos en la colmena, el centro de operaciones de la Umbrella Corporation. Es la parte más interesante de la cinta donde además se juega con el espectador introduciendo elementos sorpresivos. Aún me sigue flipando mucho la escena del rayo y ver cómo uno de los miembros de seguridad termina convertido en relleno para tortilla de patatas.

La parte final de la cinta hace eco a toda la esencia del videojuego en la que no podía faltar el monstruo final ni los dichosos perros, así como los zombies infectados. Anderson se permite el lujo de introducir una pequeña trama en forma de intriga que funciona lo suficiente como para que el interés no decaiga.

En definitiva, ‘Resident Evil’ fue un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas a la hora de adaptar videojuegos. Se perdió completamente el norte en las secuelas siguientes que bien podrían haber ido directamente a DVD, pero al menos hicieron una primera entrega bastante potable, decente, entretenida y disfrutable sin perder la esencia del juego.

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