Crónicas desde la Seminci 2017 (V): El día de España

¡Vaya! ¡Qué patriótico me ha quedado el título del post! Pero no os confundáis que no es mi intención, ni mucho menos, aburriros con política (que tan de actualidad está y tanto nos satura los telediarios). La jornada de ayer de la Seminci estaba catalogado como el día de España en el que Emma Suárez y Luis Tosar, dos de los rostros más reconocibles del cine español, se han dejado ver para recibir las Espigas de Oro de Honor.

Mientras me da la vida, que esto de hablar del Festival te consume mucho tiempo, e intento subir fotos del encuentro de ayer con Tosar (os las dejaré próximamente en este link), os dejo con las críticas de las películas de ayer.

Empezamos por ‘Jeune femme (Montparnasse Bienvenue)’. Película francesa que narra la historia de cómo Paula vuelve a París, pero no tiene dinero y se encuentra todas las puertas cerradas (además de tener que cuidar de su gato). En lugar de ponerse nostálgica, se sumerge en la vida parisina.

La directora Léonor Serraille sumerge a Laetitia Dosch, todo un torbellino en su interpretación, en el papel de Paula, una mujer sumamente caótica y mentirosa, tanto, que durante buena parte del film nos caerá bastante mal. Parlanchina, charlatana y con su vida completamente desestructurada, la ciudad que comienza odiando y termina acogiéndola le dará una oportunidad para recomponerse y “coger el toro por los cuernos”.

La película consta de una buena realización, aunque a veces abuse de la cámara en mano y de la impresión de que todo no va hacia ningún sitio debido a que Paula está tan sumamente perdida y la salen tan sumamente mal las cosas, que parezca un caso perdido. Menos mal que surgen personajes secundarios bastante valiosos (la amiga del metro o el guarda de seguridad) que mantienen viva la trama y la esperanza. Un film curioso.

La segunda propuesta del día es ‘Me Mzis Skivi Var Dedamicaze (Soy un rayo de sol en la Tierra)’. Película de nacionalidad georgiana en la que April, una prostituta de poco más de treinta años, sale de prisión para recomenzar, pero siempre llevando una coraza que la proteja de los golpes que da la vida. Sin embargo, esta vez el destino ha decido poner en su camino a Dijé, un joven nigeriano que aterriza en Georgia pensando que se trataba de los Estados Unidos y que se encuentra aprisionado en un país que solo le ofrece miseria. Estigmatizado por su color de piel, marginado entre los marginados, Dijé intenta sobrevivir como puede realizando trabajos mal pagados y pasando noches sin dormir rodeado de otros compatriotas que se encuentran como él en la Georgia equivocada, y que respiran por una inercia arrastrada por el único aliciente que les queda: la música.

He decidido copiar y pegar el argumento de esta corta cinta (y hablamos de una hora y un minuto de duración) porque apenas se entiende gran parte de lo que está sucediendo. Falta metraje para que el calado de los bajos fondos de la ciudad surta algún tipo de efecto en el espectador.

Ni siquiera su trágico final, que llega de golpe y porrazo y al que, como he dicho, le faltan explicaciones, consigue arreglar una película un tanto sosa y distante. Quizás lo que más resaltaría es las actuaciones principales de Khatia Nozadze y Daniel Anthony Onwuka, pero las hemos visto mejores, ya no solo en el Festival, sino a lo largo de la mañana (y hablo de Laetitia Dosch por supuesto). Un cuento en blanco y negro con el que no he terminado de conectar.

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