El Bar: Las miserias humanas

A las 9:00 horas, un grupo de personas absolutamente heterogéneo desayuna en un bar en el centro de Madrid. Uno de ellos tiene prisa; al salir por la puerta recibe un disparo en la cabeza. Nadie se atreve a socorrerle. Están atrapados.

Hay directores a los que hay que seguir de cerca a pesar de que sepas que te van a defraudar. Si sigues la carrera que ha tenido a lo largo de los años, descubres que Alex de la Iglesia es un tipo capaz de crear historias geniales que, de un tiempo a esta parte, acaban perdiéndose por los cerros de Úbeda. Como ‘Mi gran noche’ y ‘Las Brujas de Zugarramundi’ me parecieron bastante simpáticas, puedo unir esta ‘El Bar’ a la trilogía de “elegantes arranques y disparatados desenlaces”.

Así podríamos resumir la crítica, sinceramente. De La Iglesia saca las miserias humanas de un grupo de personajes de lo más heterogéneo entre los que destaca el hipster, la pija, el camarero, el expolicía o la ama de casa. Inspirado en los sucesos más actuales (los tiroteos de París o la crisis del Ébola) y aupándose en ese ambiente paranoico tan actual, crea una atmósfera agobiante dentro de ese cuchitril en el que podríamos haber acabado cualquiera de nosotros. La situación es llevada al extremo y la audiencia empieza enganchada. Así se hace.

El potente reparto (Blanca Suárez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Carmen Machi, Jaime Ordóñez o Terele Pávez) sostiene la película mientras la intriga se va disipando a merced de los sucesos que marcan el guión. Es decir, va perdiendo fuelle hasta el inevitable tercer acto, sin que De La Iglesia tenga exactamente claro que es lo que tiene que suceder para que la secuencia final tenga sentido (porque tengo claro que el director quería terminarla así, de esa forma).

Porque el desenlace y consecuencias finales que llevan a todo lo que sucede es otro “porque me de la gana a mi”, pero esta vez se ve venir mucho más a la legua. Ejemplo claro es todo lo que embauca al personaje de Mario Casas, que da mucho juego, pero solo hasta cierto momento. No cuela, por muy “buena” que sea la protagonista, que le siga queriendo.

En definitiva, De la Iglesia sigue enrocado. Su derroche habitual de imaginación se solapa con su incapacidad para dar un final coherente a la historia. Bien, pero podría haber estado mejor.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. nataliamonc dice:

    La tengo que ver 🙂https://mirinconcinefilo.wordpress.com/2017/07/31/su-mejor-historia/

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