Por trece razones (T1): Con ella llegó el debate

El canal Netflix nos está malacostumbrando a sacar producciones reseñables que uno no puede dejar escapar, más que nada porque si no, no tendrá nada de qué hablar con el resto de sus amigos o compañeros de oficina. Es el caso de ‘Por trece razones’ una serie que, incluso, ha generado un gran debate.

Como siempre con las series: OJITO CON LOS SPOILERS.

El adolescente Clay Jensen vuelve un día a casa después del colegio y encuentra una misteriosa caja con su nombre. Dentro descubre una cinta grabada por Hannah Baker, una compañera de clase por la que sentía algo especial y que se suicidó tan solo dos semanas atrás. En la cinta, Hannah cuenta que hay trece razones por las que ha decidido quitarse la vida. ¿Será Clay una de ellas? Si lo escucha, tendrá oportunidad de conocer cada motivo de su lista.

Basada en una novela escrita por Jay Asher, ‘Por trece razones’ arranca como una serie adolescente más para convertirse en algo completamente distinto. Desde el primer episodio, cuando se desvela la trama principal, todo comienza a coger un halo de misterio combinado con realidad. A lo lardo de sus trece episodios vamos desgranando el funcionamiento de ese instituto en el que nadie es como parece ser en un principio.

Es cierto que nos podemos encontrar más de un personaje un poco estereotipado, pero que poco a poco iremos conociendo mejor. Un buen ejemplo es Justin, el típico guaperas de instituto que juega en el equipo y que parece intocable. Pero su transformación y la de su chica Jessica son de lo más llamativo de la serie.

El gran debate puede generarse con algunas de las escenas más polémicas. Sin entrar en mucho detalle y no desvelar el argumento, en este instituto nos encontramos que hay rastro de bullying, accidentes y violaciones. Tampoco se esconde la muerte de Hannah al espectador y, cuando llega el momento, hay una tremenda sensación de tristeza porque la serie va creciendo, episodio a episodio hasta llegar a un gran clímax final.

Algunos pensaran que es una serie que puede incitar al suicidio y, tal y como yo la veo, me parece más un canto a la vida. No hay más que ver la actitud de Clay cuando termina la serie y su moraleja final “No lo hacemos bien. Debemos tratarnos mejor y cuidar de los demás. Tenemos que ser mejores“.

En definitiva, os podría dar más de trece razones para ver una serie que es distinta, original y que toca la fibra sensible del respetable. Poco más se la puede pedir.

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