Belleza Oculta: Daños colaterales

Howard Inlet es un exitoso ejecutivo de publicidad de Nueva York. Su situación cambia drásticamente cuando una tragedia personal le golpea con fuerza, lo que le lleva a caer en una profunda espiral de depresión. Sus colegas más cercanos intentarán animarle y sacarle de su letargo. Para ello pondrán en marcha un plan poco convencional, para obligarle a afrontar su sufrimiento de una manera sorprendente y profundamente humana. Pero este plan traerá consigo resultados imprevistos.

A pesar de sus malas críticas me he animado a ver la última película protagonizada por Will Smith, que ya no es el hacha que era para oler los éxitos en Hollywood desde hace algún tiempo. Debo confesar que, aunque entiendo perfectamente los comentarios negativos sobre el film que incluyen una larga lista de nominaciones a los anti-oscar, para mi termina teniendo un pase decente por varias razones.

La primera es, sin duda, su reparto lleno de unas cuantas caras conocidas (Will Smith, Edward Norton, Kate Winslet, Michael Peña, Naomie Harris, Helen Mirren y Keira Knightley) que, precisamente, malos actuando no son (aunque Peña esté metido con calzador en ese equipo). David Frankel intenta repartir el peso y los minutos, pero es verdad que el guión no termina de cuajar algunos personajes de los que apenas se dan algunas simples pinceladas: véase el caso de la Winslet o Norton. Tampoco se ahonda mucho más en la amistad que une a estos con el de Will Smith, cosa que me hubiera gustado.

El hilo argumental de la cinta está bien llevado, sobre todo cuando surgen los actores y la idea de la representación. Es donde la película está más cómoda porque recupera a su personaje principal, entretenido con el efecto dominó y casi desaparecido hasta entonces (no esperéis de Will una interpretación memorable, porque no hay minutos para ello). Vuelve a ser el guión de Allan Loeb el culpable de que tampoco termine de lucir en este aspecto porque es donde quema naves y no sabe explotar la idea.

Por supuesto, sobra totalmente esa idea final de cuento navideño, propia de la época en la que se estrenó, totalmente innecesaria que no pega con el tono final de la cinta. Sinceramente, sin esos cuatro o cinco minutos, hubiera sido un film majo.

Con sus virtudes y defectos, ‘Belleza oculta’ tiene un pase entretenido con mensaje claro y directo que, seguro, gustará a los amantes de los clínex.

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