El hombre de las mil caras: El que roba a un ladrón

Francisco Paesa, ex-agente secreto del gobierno español, responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y tiene que huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán, ex-Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto, que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español, llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes.

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Era un crío que disfrutaba de su bocata de nocilla a la hora de la merienda cuando un avance informativo en la televisión interrumpía los dibujos con la noticia de la captura de Luis Roldán, después de haber viajado por todo el mundo. Quedé asombrado por la historia, pues parecía la típica que uno podía ver en el cine, sobre el mayor ladrón de España, ese enemigo público número uno… era muy pequeño para entender la complejidad del asunto y, con el paso del tiempo, logré poner a cada uno en su sitio. Pero ha tenido que ser la nueva película de Alberto Rodríguez la que terminase de darme una visión más global de todo lo acontecido.

Después de sorprendernos con ‘La Isla Mínima’, donde nos contaba una investigación policial que enmascaraba algunos de los temas más profundos de la España de hoy (y, en el fondo, de siempre), llega el momento de repasar uno de los episodios más vergonzosos de la historia de España: la fuga de Luis Roldán. Y hablar del exdirector de la Guardia Civil, es hablar del hombre que movía los hilos, Paco Paesa, el verdadero “ladrón” de la historia y de la película (pues me imaginaba un retrato mayor de Roldán).

Con un ritmo pausado, un poco lento en algunos compases, la película nos sitúa rápido temporalmente con algunas imágenes de archivo. Descubrimos los tres pilares principales del film (Roldán, Paesa y Jesús Camoes) para ir desenmarañando poco a poco la trama, mucho más sencilla de lo que parece en un principio.

Es por eso que ‘El hombre de las mil caras’ se mueve como pez en el agua dentro de la artesanía de saberse un film de espías de factura impecable, con secretos, con mentiras y medias verdades y con el no saber qué sucederá hasta los momentos finales. Todo muy “John Le Carré”.

Sin lugar a dudas hay que resaltar la interpretación de Eduard Fernández porque creo que en su actuación reside gran parte del éxito y funcionamiento del film. La figura de Paesa intriga en cada momento, en cada escena, con ese porte, ese peinado y esas gafas. Acertadísima también la actuación de Carlos Santos, perfectamente caracterizado y bien completado por el personaje de Marta Etura, que queda un pelín olvidada en el tramo final.

No puedo decir lo mismo de José Coronado, pues su personaje en el guión queda un tanto desdibujado: un piloto ligón que no es más que una marioneta de Paesa. No veo un personaje detrás de su interpretación. También me hubiera gustado ver o saber más de Osorno / Emilio Gutiérrez Caba.

‘El hombre de las mil caras’ es una película seria, sobria y muy interesante. Cine español del bueno.

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