Crónicas de la Seminci 2016 (II): Querido Abbas (Kiarostami)

Abbas Kiarostami es considerado uno de los directores de cine más influyentes del Irán postrevolucionario y uno de los más consagrados directores de la comunidad cinematográfica internacional. Su fallecimiento el pasado mes de julio dejó un vacío importante en el séptimo arte difícil de subsanar. Por ese motivo, la Seminci ha decidido rendirle un pequeño homenaje.

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El pasado domingo en el Salón de Espejos del Teatro Calderón tuvo lugar una mesa redonda en honor del director Abbas Kiarostami, muy querido por el Festival. Con Angélica Tanarro como moderadora y presentando a cada uno de los participantes, el primero en tomar la palabra fue Ferdando Lara, el que fuera director de la Seminci entre los años 1984 y 2004 y director del Instituto de las Artes y de la Cinematografía entre 2004 y 2009.

A Lara lo que le llevó a Kiarostami fue su cine. Recuerda con cariño la restrospectiva que preparó el festival en el año 1993 y que fue la primera gran retrospectiva sobre el cine de Kiarostami (hay gente que cree que fue en 1995 en Italia). Al año siguiente el director logró la Espiga de oro confirmando las buenas sensaciones que había causado su cine. De esta forma, la relación con el fue continuada y en 2010 lograría una segunda Espiga de oro con ‘Copia Certificada’. Lara enumera tres elementos que hacen al cine de Abbas algo único: el profundo humanismo, la concepción de la naturaleza y el conocimiento de un país desconocido. Su cine es un cine que revela un proceso de conocimiento.

El siguiente en hablar es Gustavo Martín Garzo, escritor, Premio Nacional de Narrativa y Premio Nadal que descubrió al director en este mismo festival gracias a un corto que trataba sobre un hombre mayor que tenía problemas con su audífono. Harto de él, lo desconecta y emprende el camino a casa donde se encuentra en una plaza con muchas palomas. Continúa hasta su casa donde ha quedado con su nieta, pero, al no llevar el audífono, se despista y no abre la puerta de la casa a tiempo, así que la nieta tiene que esperar en la puerta. Ella comienza a llamarle y pronto, los niños y compañeros, empiezan a llamarle a la vez, pero el hombre no oye nada. Finalmente se da cuenta del barullo y activa de nuevo el audífono oyendo a los niños llamarle. Al abrir la puerta le sucede lo mismo que le había sucedido con las palomas. Porque el cine de Abbas era un cine lleno de belleza y de historias sencillas. Es un cine de aprendizaje a través de la mirada, lo que lleva a hablar de pensamientos y contemplación.

Llega el turno de Carlos Heredero, crítico de cine y director de la revista Caimán que habla de la colaboración de Abbas con Víctor Erice a través de un intercambio epistolar. Señala que el director quiere poner en contacto el dispositivo del cine con la realidad. Él le descubrió con la película ‘Y la vida continúa’, que narra la tragedia humana provocada por el gran terremoto que asoló Irán en 1990 y que rodó meses después de la tragedia pero, sin embargo, parece rodada al día siguiente. En ella, un director de cine y su hijo deciden, tras el terremoto, visitar el pueblo donde habían rodado la película ‘¿Donde está la casa de mi amigo?’ (anterior film del director), para saber cómo están los niños actores que participaron en ella. De esta forma el director establece relaciones entre la realidad y la ficción cambiando por completo el mundo del documental.

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Una persona que conocía muy bien al director era Ahmad Taheri, el director del Centro Cultural Persépolis. Trata el tema de la personalidad del director, que era una persona modesta y sencilla, pero muy profunda. No le gustaban las charlas oficiales, él prefería ir a hablar con otros directores. Era un hombre realmente inteligente y sabio que era difícil de descubrir, por eso Taheri recurre a algunas frases dichas por compañeros suyos: Era un místico moderno que en un segundo contacto con él, te dabas cuenta de que tienes que escuchar más que hablar. Un hombre que al encontrarse con un fenómeno le realizaba una radiografía y que, como persona y artista era irrepetible.

La última frase de Taheri me encanta particularmente y es que le preguntó a Abbas ¿Por qué hacer cine? Porque, quizás, es difícil aguantar la belleza a solas.

Por último, toma la palabra Seifollah Samadian, el director del documental que se presenta en la Seminci sobre la vida del director y que lleva por título ’76 minutos y 15 segundos’, el tiempo exacto que estuvo Abbas en este mundo. Esos 25 años que ha compartido con él ha hecho que tenga una forma de pensar distinta. Toda su esperanza es transmitirnos lo que siente con esta película. Cuenta como el hijo del director le llamó, tan solo un mes después de su fallecimiento porque él era el único capaz de rodarlo y tenerlo listo para el Festival de Venecia. Si Seifollah tuviera que destacar dos detalles de él, el primero sería su independencia y el segundo que era él mismo. No tenía la creencia del cine de Hollywood, ese cine repleto de acción. Él prefería dejar libertad y que, cuando se terminara una película en la sala, comenzase en la cabeza del espectador.

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