El Quinto Elemento: Ciencia ficción europea de los 90

En 1997 el director francés Luc Besson alcanzó uno de los mayores éxitos de su carrera con ‘El Quinto Elemento‘, una disparatada película de ciencia ficción tan divertida como entretenida.

Últimamente si enciendes la televisión, lo haces sin ningún tipo de esperanza: repasas los más de veinte o treinta canales haciendo un rápido zapping que termina obligándote a encender el DVD si quieres encontrar algo decente. Pero el otro día fue una excepción y me encontré con una de las películas a las que más cariño he cogido con el paso del tiempo: ‘El quinto elemento’ de Luc Besson.

En muchas ocasiones os he hablado de lo maravilloso que era el cine de los años 80-90 y esta es una de esas películas que engrandecen aquellas décadas. Cada 5.000 años se abre una puerta entre dos dimensiones. En una dimensión existe el Universo y la vida. En la otra dimensión existe un elemento que no está hecho ni de tierra, ni de fuego, ni de aire, ni de agua, sino que es una anti-energía, la anti-vida: es el quinto elemento.

Y aunque han pasado casi veinte años desde que se proyectó en cines por primera vez, uno puede asistir al espectáculo visual perfecto del director francés y comprobar que ‘El quinto elemento’ aguanta bien el paso del tiempo (hay escenas mejores y peores sí, pero aguanta). Con una desbordante imaginación que nos sitúa en un futuro lejano con coches voladores, edificios de infinitas plantas y viajes interespaciales, y con un argumento más sencillo que el mecanismo de un botijo, ‘El quinto elemento’ es una de esas películas que tienes que ver sí o sí.

Con un reparto repleto de estrellas, con Bruce Willis haciendo lo que mejor sabe hacer, con Gary Oldman volviendo a interpretar a otro villano, con el descubrimiento de Milla Jovovich, con el cameo de Luke Perry, con un simpático Ian Holm y con un descacharrante Chris Tucker (¿Verde? ¡Superverde!).

Se dice que su director y guionista Luc Besson (cuya idea tenía apuntada desde que tenía quince años) había creado todo un libreto que daba para realizar tres entregas, pero que decidieron realizar finalmente una. Si Luc Besson se presentase hoy en día con una idea así, le harían cinco películas por lo menos.

Pero en conjunto, a pesar de lo absurdo de algunos momentos, la película tiene secuencias (como la persecución aérea) para el recuerdo, una visión del futuro única (repleta de trajes coloridos) y sentido del espectáculo. Estáis a tiempo de recuperarla en vuestro DVD.

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