Ocho apellidos catalanes: Lo mismo pero sin gracia

Las alarmas de Koldo se encienden cuando se entera de que su hija Amaia, tras romper con Rafa, se ha enamorado de un catalán. Decide entonces poner rumbo a Sevilla para convencer a Rafa de que lo acompañe a Cataluña para rescatar a Amaia de los brazos del joven y de su ambiente.

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Por muchos odios que levantara la primera entrega, su descomunal éxito sin precedentes obligaba a una secuela inmediata, antes de que se pasase el furor de la cinta. Aquellos que odiaron la primera solo tenían una cosa que hacer, no acudir a la cita de los ‘Ocho apellidos catalanes’. Pero aquellos que disfrutamos de la anterior entrega, esta vez no hemos salido tan satisfechos como cuando viajamos a las vascongadas.

Esta vez ‘Ocho apellidos catalanes’ no funciona. Y creo que el principal problema es el enfoque. Una secuela tiende a contar lo mismo pero adornado y, esta vez, el enfoque es descarado. Es, en esencia, la misma película pero con chistes peores. Y tampoco hay razón para hacerlo así porque Amaia y Rafa podrían haber servido de mera excusa para intentar juntar a otra pareja por poner un ejemplo.

No existe el factor sorpresa. Aunque Amaia ahora tenga un nuevo pretendiente, en ningún momento veo a Berto Romero como el gran rival del triángulo amoroso que se propone porque no veo en Amaia ni una carantoña ni nada que me lleve a pensar en que sí, que está coladita por él.

Así, el peso de la película recae en el personaje de Koldo (Karra como suele ser: bien), sobreexplotado al máximo en esta entrega y el verdadero motor de la película. Se deja de lado a una Rosa María Sardá que podría haber dado más y el camino queda libre para que Berto Romero sea lo mejor de la cinta (sin ser nada del otro jueves), simplemente por el hecho de que es algo distinto. Sus coñas catalanas y su rollo hipster es de lo poco que funciona.

Dani Rovira está bien, quizás un poco más sobreactuado y no tan cortado como en la primera entrega. Con Clara Lago tengo un problema, pues no sé si en esta película está rematadamente mal o el enfoque de su personaje está mal dirigido. Su personaje se pasa de borde y pesada, razones por las cuales, como espectador, no me apetece que Rafa vaya detrás de ella.

En resumen, podría haber salido algo simpático, como la anterior, con divertidos gags, con una fórmula sencilla pero efectiva… pero no. ‘Ocho apellidos catalanes’ no funciona. La historia te la sabes y los gags te los ves venir de lo fáciles que son.

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