Sospechosos Habituales: Los trucos del diablo

Veinte años cumple una de las películas más icónicas de los años 90, ‘Sospechosos Habituales‘, una de esas películas que en su momento pasaron desapercibidas y que pasó a ser “de culto” al poco de estrenarse. Mucho talento había involucrado como para que la película no acabase siendo uno de las grandes clásicos de su época.

En los años 90 uno podía hacer una película sin conocer el tipo de impacto y repercusión que iba a causar. Se gastaban millones en cintas que luego podían fracasar en taquilla (no como estos años, que los taquillazos parecen milimetrados). En aquella época surge el nombre de Christopher McQuarrie, de plena actualidad hoy, dirigiendo la nueva película de la saga ‘Misión Imposible’ de la mano de Tom Cruise, se ganó la fama con el sudor de su frente: trabajó como asistente en la Escuela Cristiana en Perth y en una agencia de detectives. Y es uno de los principales responsables de ‘Sospechosos habituales’, pues elaboró el fantástico libreto por el que ganó el Oscar.

Dave Kujan es un agente especial del servicio de aduanas de Estados Unidos que está investigando las causas del incendio de un barco en el puerto de San Pedro de Los Ángeles que ha provocado 27 víctimas mortales. Su única fuente de información es Roger Kint, un estafador lisiado que sobrevivió al incendio. En comisaría, Kint cuenta que todo comenzó seis semanas antes en Nueva York, cuando cinco delincuentes, cinco “sospechosos habituales”, fueron detenidos para una rueda de reconocimiento relacionada con el robo de un camión de armas…

El otro nombre propio a tener en cuenta es el de Bryan Singer, pues se puede considerar esta película como su gran lanzamiento hacia una fama que perdura hoy en día. Se puede considerar a Singer como uno de los pioneros en realizar películas de superhéroes inteligentes y bajo su tutela ha pasado gran parte de la saga ‘X-Men’.

Singer conocía a McQuarrie, con el que escribió el guion para ‘Public Access’ y tras asistir juntos al Festival Sundace de 1993, empezaron a perfilar la película sin saber muy bien que tenían entre manos.

Como decíamos, con un presupuesto de 4 millones de dólares, la película se estrenó con más pena que gloria. Fueron los grandes festivales los que no se olvidaron de ella, ganando dos premios Oscar y dos premios BAFTA.

Si eres un cinéfilo y la recomiendas, puede que te lleves el chasco de tu vida. Muchos insistirán en que películas como ‘Sospechosos habituales’ las hay a patadas hoy en día en la cartelera sin que nadie sepa que es la precursora de la fórmula.

Porque McQuarrie dio con la tecla perfecta a la hora de presentar cinco personajes desconocidos, cada uno especial a su manera y que se reunían para hacer negocios de diferente índole. Singer, acompaña y narra en imágenes el libreto de McQuarrie de una forma muy inspirada.

Protagonizada por un elenco magnífico en el que sobresalen Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Benicio del Toro y Kevin Pollak hay uno de ellos que a raíz del éxito del film se catapultó al estrellato. No se puede entender el cine de los 90 sin la presencia de Kevin Spacey, que eclipsa a cualquier miembro del reparto con su presencia tullida.

No creáis que amar esta película es fácil. ‘Sospechosos Habituales’ es un reto del que más de uno se cansará a la mitad de película. Verla por primera vez supone asistir a un auténtico quebradero de cabeza. Exponerse a dos horas de película en la que en ningún momento sabes que deparará a los personajes involucrados en ella. Los personajes se conocen, realizan chanchullos sí, ¿pero qué sucederá cuando la acción recupere la narración inicial? ¿Quién es ese Keyser Söze?

Y después, todo se redondea con un final apoteósico y que comienza con una taza cayendo al suelo. Un final de diez que culmina una película que desearás volver a ver para enterarte de todo. Si estás atento a los detalles, te darás cuenta antes de lo que sucede. Pero tienes que estar muy atento.

No os entretengáis con películas que tienen trucos parecidos y son más actuales. Con veinte años no ha perdido ni un ápice de su encanto original. El mejor truco que inventó el diablo fue convencer al mundo de que no existía.

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