Full Monty: Sin fecha de caducidad

Corría el año 1997 cuando una pequeña película inglesa saltó a los cines de todo el mundo representando una realidad social difícil, pero con un sentido del humor infinito. Un Oscar a la Mejor banda sonora comedia o musical, una nominación al Globo de Oro, 3 premios BAFTA (incluyendo el de mejor película y actor para Robert Carlyle) y un Premio Goya a la Mejor película europea más tarde confirmaron que ‘Full Monty‘ era una película para la posteridad, sin fecha de caducidad.

El característico humor inglés que tan buenas comedias nos ha otorgado, se vio retocado de un modo ácido (y a ratos negro) gracias al guión de Simon Beaufoy, capaz de crear entrañables personajes para el recuerdo y reflejar una cruda realidad que es extrapolable a la realidad actual, año 2015 y dieciocho después de la concepción de la película.

El cierre de la fábrica de acero de Yorkshire deja sin trabajo a casi toda la población masculina. Gaz, uno de los obreros afectados, perderá el derecho de ver a su hijo si no consigue dinero para pagar la pensión de manutención familiar a su mujer. En medio de la desesperación, se le ocurre una idea, a primera vista disparatada, y se la plantea a los amigos que están en la misma situación: organizar un espectáculo de striptease.

Peter Cattaneo (del que se ha vuelto a saber más bien poquito tras este gran éxito) dirige con acierto esta pequeña película inglesa que fue capaz de sorprender a propios y extraños en el momento de su exhibición. Me ha parecido buena idea recuperarla ahora, que la crisis económica, digan lo que digan los gobernantes de turno, sigue más viva que nunca.

En el film, unos hombres en paro, desde el picaresco hasta el bonachón, pasando por el flipado que anda por las paredes, se ven en paro por el cierre de la fábrica que sustenta la ciudad. ¿Cuántas veces hemos oído esto en las noticias estos días? La única forma que les queda para ganar dinero es enseñar hasta el carnet de identidad en un espectáculo de striptease. Sin riesgo no hay gloria dicen, lo cual dará pie a un montón de situaciones divertidas, entre las que destacan la inolvidable secuencia en la cola del paro.

Como avanzaba al principio, por el camino nos encontramos personajes entrañables que, aunque sean un poco malhumorados en algunas ocasiones (ese antiguo jefe), con los cuerpos “danone” de los inmensos Robert Carlyle, Mark Addy, Tom Wilkinson y compañía.

La película se convirtió en su momento en un fenómeno mundial que arrasó en taquilla y en el año 2007 fue considerada como la segunda mejor comedia británica de todos los tiempos. Será por su mensaje: frente a la desesperación de no tener trabajo nunca dejes de luchar pues siempre quedarán los amigos, los momentos graciosos, la música y la imaginación para salir del atolladero; que cautivó a público y crítica por igual. Por eso es bueno rescatarla en tiempos como los actuales. Su éxito propició una versión española, ‘Se buscan fulmontis’, que pasó con más pena que gloria.

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