Alien – El Octavo Pasajero: El espacio infinito

Coincidiendo con su reestreno en cines el pasado 6 de febrero, con motivo del 35º Aniversario de su Oscar a los Mejores Efectos Visuales, es un buen momento para echar un vistazo a un clásico del cine terror y ciencia ficción: ‘Alien – El Octavo Pasajero‘.

Se estrenaba en 1979 el comienzo de una de las sagas más fructiferas del cine americano, que ha contado con tres secuelas dirigidas por directores de altura (hablamos de James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet) y un spin-off/reboot/llamadlo-como-queráis-pero-molaba-un-huevo visto hace unos años titulado ‘Prometheus’ que se encargó de dirigir el artífice de todo esto: Ridley Scott.

De regreso a la Tierra, la nave de carga Nostromo interrumpe su viaje y despierta a sus siete tripulantes. El ordenador central, MADRE, ha detectado la misteriosa transmisión de una forma de vida desconocida, procedente de un planeta cercano aparentemente deshabitado. La nave se dirige entonces al extraño planeta para investigar el origen de la comunicación.

Aunque en un principio se pensó que la película sería un fracaso de taquilla y “otra de esas películas con monstruo” ‘Alien – El Octavo Pasajero’ es mucho más que todo eso. La película nos relata la odisea espacial a la que se ven sometidos un grupo de exploradores espaciales que dan por hacer con una criatura, diseñada a partir de las peores pesadillas de los espectadores. Confesadlo: No hay bicho que más grima os de ver en pantalla que el Alien.

Cuando digo que el gran artífice de que estoy funcionara es Ridley Scott no lo digo en broma, el tío propuso aumentar el presupuesto de la película y logró crear una atmósfera asfixiante para que el espectador tuviera la sensación de que el Alien podía atacar en cualquier momento. Juro que en su primer visionado, gotas de sudor frías caían por mi frente y mi espalda.

Hablar de ‘Alien’ es hablar de terror, de tensión en estado puro y, por supuesto, es hablar del personaje que encumbró para siempre en la cima de Hollywood a Sigourney Weaver (muy bien acompañada por John Hurt o el desconcertante Ian Holm, una de las sorpresas argumentales del film que no conviene desvelar) que consiguió el papel después de que la Streep lo rechazara. La Teniente Ellen Ripley, la tía más dura que ha parido el cine americano, demostrando que el cine de acción no es cosa de tíos, basta con tenerlos bien puestos y Weaver merece ser recordada por ello.

‘Alien – El Octavo Pasajero’ es una película memorable, inolvidable. Muchas de sus escenas permanecen hoy en la retina del espectador, como la escena en la que el Alien revienta el pecho de uno de los personajes para salir al exterior. Un clásico para siempre.

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