Boyhood: Etapas de la vida

Esta es la historia de Mason, un chico de los seis años y su vida durante una década poblada de cambios, mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, primeras desilusiones, momentos maravillosos, momentos de miedo y una constante mezcla de desgarro y de sorpresa.

criticaBoyhood-Interior

Uno de los directores capaces de sorprender y deleitar al espectador cinéfilo es Richard Linklater, un director con un talento que no se puede subestimar. Tras su fantástica trilogía sobre el amor protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy cabe destacar aquella ‘A Scanner Darkly’ que fue una bizarrada absoluta con actores conocidos a modo casi de dibujo.

Toca el turno de hablar de ‘Boyhood’, una película que ha tenido 39 días de rodaje a lo largo de 12 años. Supone una nueva genialidad del director y algo insólito en el cine, por lo que automáticamente ‘Boyhood’ pasa a ser una película de culto, te guste o no a ti espectador. Y es ese condicionamiento el que la puede pasar factura.

Indudablemente, verla es una experiencia única e inigualable. Estás viendo en pantalla grande, el paso real del tiempo, sin maquillajes, minimizando una vez más la delgada línea entre el cine y la pura realidad. Pero el tiempo pasa factura, de forma real, no solo en el físico de los actores, también en la forma de vestir, en las tecnologías (si uno presta atención ve, ve la evolución de los móviles, videojuegos… ¡hasta ‘Bola de Dragón’ salía por la tele!) y es ahí donde quizás el experimento de Linklater saca mayor partido, haciendo gala de una amplísima recopilación musical que puede gustar más o menos, pero su director quiere que entiendas que es la música de esa generación. Porque tu has tenido tus canciones favoritas en tu walkman, en tu lector de cd, en tu mp3.

Así, ‘Boyhood’ sucede mientras te quedas embobado viendo la película pasar prestando atención a los detalles, y es aquí donde pueden suceder dos cosas: La primera es que ‘Boyhood’ te absorba por completo y te sumerjas en el drama familiar (con la evolución de los personajes) que te están contando de fondo, o que tras la sorpresa inicial, desconectes por completo de lo que sucede en pantalla. Es el precio que debe pagar la novedosa propuesta.

Si me preguntáis cual fue mi caso, la verdad es que el drama familiar me enganchó hasta más o menos la mitad de la película. A partir de ahí, cuando el cambio físico del protagonista es más visible, los problemas y vueltas del destino del adolescente me parecieron más manidos y no tan interesantes.

‘Boyhood’ es un experimento muy aplaudible, nacida desde el primer minuto para permanecer en la retina cinéfila, pero solo el tiempo dirá si estamos realmente ante una obra maestra. Aún es pronto para decir eso.

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