Esencia de mujer: Pacino es Dios

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¿Cómo conseguir hacer una película con un guión bastante normalito y una dirección correcta un clásico inolvidable? La respuesta es clara, concisa y directa: Al Pacino. Un actor que no paró hasta conseguir una estatuilla, la de los Oscar, que se le negaba. Un actor que eleva una película al nivel de clásico. Es el caso de ‘Esencia de Mujer’

Frank Slade es un malhumorado Coronel en la reserva del ejército norteamericano, retirado por su ceguera. Durante el fin de semana de Acción de Gracias el joven estudiante Charlie Simms, contratado por la familia de Slade, se queda en su casa para servirle de lazarillo y procurar que no beba demasiado Jack Daniels. Pero Frank tiene unos planes muy distintos: irse a la gran ciudad de Nueva York

Remake de la película italiana de 1974 ‘Profumo di donna’ (Perfume de mujer) que lamentablemente no he visto. Una historia sencilla, bien llevada por el director Martin Brest, con un guión capaz de enfatizar los momentos de mayor clímax y sus cuatro o cinco frases para recordar. Secundada por un joven que, por aquel entonces, tenía algo de talento (Chris O’Donnell, el tiempo nos indicó que era lo contrario, es más bien un actor muy mundano). Encarna bien al pobre Charlie, un becario de la Institución Berg, un Colegio de élite de New Hampshire que, a diferencia de sus colegas malcriados necesita sacarse un dinero extra. Y a pesar de los continuos roces entre los su personaje y el de Pacino, pronto surgirá entre ambos una sólida amistad, casi una relación padre/hijo.

Incluso, para completar el reparto, aparecen nombres de la talla de James Rebhorn (un secundario de lujo siempre que quieras) y del recientemente desaparecido Philip Seymour Hoffman en una de sus primeras apariciones en la gran pantalla.

Pero da igual, da todo igual. Todo lo que os acabo de contar son nimiedades con lo que viene ahora, pues su sola presencia eclipsa el resto del reparto, la historia y la realización: es Al Pacino.

Tras el Don Vito Corleone de Marlon Brando y su Tony Montana de ‘El Precio del Poder’ (inigualables), creo que la tercera mejor actuación de todos los tiempos es la que realiza el señor Al Pacino en ‘Esencia de Mujer’. Él es la película, él es la razón de ser de ‘Esencia de Mujer’.

Siéntate y disfruta. Déjate llevar por el malhumorado teniente coronel Frank Slade. Habrá momentos en los que dudes y no sepas si Pacino es en verdad ciego o no. Desde su primera aparición, arrinconado en la oscuridad bebiendo y escuchando música hasta su despedida final al lado de su nieta. Es una lección inolvidable de interpretación que ha quedado para la posteridad. Como cuando hizo de Serpico, de Michael Corleone, de Sonny Wortzik…

‘Esencia de Mujer’ tiene escenas para el recuerdo y el deleite. Esa clase magistral de tango (Por una cabeza), con lección inclusive “Si te equivocas sigue bailando”, la conducción del ferrari o la bestial escena del juicio justo al final. Ese speech que se marca Al, esos alumnos acojonados mirándole y ese aplauso final. “¡Si tuviera un lanzallamas o usaría contra este lugar!”. Impresionante.

Es una cinta para ver (no se cuántas veces habré podido verla) y disfrutar.

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