Godzilla: Fallos de guión, montaje y excesividad

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Un monstruo marino, producto de mutaciones radioactivas, se enfrenta a malvadas criaturas que, animadas por la arrogancia científica de la humanidad, amenazan la vida de los hombres.

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No puedo ocultar la profunda decepción que he sentido tras ver la nueva versión de ‘Godzilla’. Ha hecho que durante algunos momentos me preguntase dónde está Roland Emmerich. El problema no es su director, Gareth Edwards. El problema de este ‘Godzilla’ es la propia concepción del film, creyendo crear algo mucho más grande de lo que en realidad se está ofreciendo.

Y la película arranca maravillosamente bien. Sus primeros veinte minutos hacen imaginar esa adaptación soñada por los fans del monstruo. Toda la intriga de la central nuclear, el hecho de estar en Japón y los Estados Unidos, todo magníficamente narrado con un pulso sensacional.

Pero la película se viene abajo en cuestión de minutos. Y de manera bastante bochornosa. ¿Tiene que ver con la desaparición en pantalla del binomio padre/hijo? Puede ser, porque Bryan Cranston logra aprovechar los minutos que le dan en pantalla muy pero que muy bien.

Uno puede pasar en un momento dado los fallos de montaje, algunos gordos (personas que se van de plano y aparecen en otro sitio…), pero lo que no se puede pasar es el paupérrimo guión concebido. Como han querido hacer la película demasiado grande, han metido en el ajo a demasiados monstruos, por lo que la cinta acaba siendo muy excesiva. Es insulso que el epicentro de todo sea una bomba nuclear y se esté toda la película a vueltas con si la apagan o la desactivan. El protagonista (Aaron Johnson, nada mal) simplemente está en las situaciones sin ser partícipe de ellas. Véase la escena del metro por ejemplo. Aunque eso también sucede con otros personajes, como su hijo en la escena del autobús y al que perdemos de vista en la narración para acabar por arte de magia al lado de su padre en los instantes finales de la cinta.

¿Y su esposa (Elizabeth Olsen)? Pues apenas nos importa un pimiento porque no sabemos casi nada de ella: sufre por su hijo… y es enfermera… y ya. Algo parecido le pasa al personaje de Ken Watanabe, que se saca de la manga la solución final. Lo de desaprovechar de semejante manera a David Strathairn es pecado mortal. En una película así uno no espera ver actuaciones trascendentales, pero podrían haber construido un poquito mejor los personajes.

Esta nueva versión de ‘Godzilla’ se muere por homenajear a las películas antiguas japonesas, mucho antes de tomarse en tiempo necesario para contarnos una historia de verdad. Yo pagué por ver a Godzilla en el cine y me he quedado con las ganas y con cierta sensación de que si la película se hubiera titulado ‘Monstruos’ no me sentiría tan estafado. Las imagenes de los bichos gigantes pegándose entre sí, en vez de mantenerme en tensión, hizo que me entrara la risa.

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