The Following (T2): Y las expectativas por los suelos

El interés por el curioso punto de partida inicial de ‘The Following’ (un asesino creador de una secta con seguidores) perdió interés a la misma velocidad en la que morían seguidores, el FBI no daba ni una y los guionistas se acordaban capítulo sí, capítulo no de la enfermedad de corazón de Ryan Hardy. A pesar de todo, una segunda oportunidad merecía… ¿o no? ¡Aviso! SPOILERS

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Con las expectativas por los suelos comencé el seguimiento a la segunda temporada de ‘The Following’, solo por la presencia de Kevin Bacon y James Purefoy. Hay que decir que el punto de partida, con la introducción del personaje de Connie Nielsen, estuvo bastante bien. Los asesinatos se producían a una escala ya normal en ‘The Following’ y la trama de los gemelos parecía interesante, pero no lograron sacarla todo el jugo. Así que las expectativas pronto volvieron a caer inevitablemente por los suelos.

Y es que en la nueva temporada de ‘The Following’, según sucedían los capítulos, sufrió el mismo síntoma que en la temporada anterior. Un buen arranque, seguido por una mitad de segunda temporada bastante floja que culmina con el peor capítulo de todos, el último. Una lástima, porque ganas de ver una tercera temporada de este invento me quedan bastante pocas.

Los guionistas se dieron cuenta de que jugar capítulo si y capítulo no con las dolencias cardíacas de Ryan Hardy era de chiste, así que en esta nueva temporada encontramos a un Ryan renovado, no bebe y hace ejercicio. Su obsesión por Joe hace que no se crea que está muerto, por lo que emprende una investigación por su cuenta con ayuda de su sobrina que le dará la razón. El detonante serán unos misteriosos hermanos gemelos que asesinan en el metro a unas personas con caretas de Joe, lo cual hará que salga de su escondite y que Emma le busque.

Y como os decía, el punto de partida para retomar la serie parecía muy original y hasta más o menos la mitad de la temporada la serie está bastante bien (es entretenida, una vez que asumes todas las cosas que suceden en ‘The Following’). Pero la introducción de personajes secundarios que luego no pintan nada (el predicador, el sectario, la chiquita que acompaña a Joe y Emma durante mucho tiempo) y su ridículo desenlace (ojito al final del hijo del predicador).

La serie pierde fuelle, allá por el episodio 10 de la segunda temporada, se vuelve muy rutinaria y uno la puede ver con el piloto automático encendido. He echado en falta un poco más de protagonismo de la sobrina y algo más espectacular de Joe al final. Mike pasa de niño bueno a matón de esos de quitarle la propina a los niños en el recreo y a Emma había logrado cogerla cariño.

El gran final de temporada nos espera en una iglesia, con un predicador de por medio y Hardy buscando salvar la vida de Claire (por enésima vez). Es entonces cuando Ryan y Joe deben unir sus fuerzas contra los gemelos… y el descojone se apodera de la serie. La inutilidad del FBI llega a límites insospechados, los guionistas se olvidan por completo de la televisiva novia de Ryan porque Claire (la insoportable mujer de Joe que no muere nunca) ha vuelto y Ryan ya no piensa en otra cosa. Se suceden momentazos made in ‘The Following’, con un seguidor rescatando a Joe, pero luego va Joe y lo mata en una escena M-U-N-D-I-A-L.

La redención de Hardy llega en presencia de Joe y los gemelos, con un Ryan apuntando a Joe… pero no le mata. Y es esto, la gota que colma el vaso. Ryan ha matado a no-se-cuantos durante todo el transcurso de la serie (incluido ese en el que justo antes dice “¡No disparéis! ¡Le necesitamos vivo!” y va y le pega un tiro). Tiene a su archienemigo delante pero decide perdonarle en vez de matarle. A-CO-JO-NAN-TE.

El final queda abierto para una tercera temporada que uno de los hermanos (ya no recuerdo cual) sediento de venganza contra Joe y Ryan, es recogido en el campo por alguien que todavía desconocemos. ¿Ganas de verla? Pues poquitas la verdad, ‘The Following’ ha dejado muy claras cuáles son sus cartas y mucho tienen que cambiar las cosas para que enganche nuevos espectadores. Uno no puede dejar de pensar en lo que pudo ser y en lo que se ha convertido. Para echar a llorar.

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