El Golpe: Un reloj suizo por guión

En 1973, el director, realizador y productor de cine americano George Roy Hill reunió de nuevo a Paul Newman y Robert Redford para un nuevo proyecto que acabó convirtiéndose en un clásico del cine. De esas películas, que si las pasan por la televisión a la hora que sea, la ves de cabo a rabo con la misma sonrisa picarona que la primera vez. Una historia de timadores que conquistó a público y crítica. Hagan sus apuestas caballeros.

Abres este post y la mítica e inigualable banda sonora de la cinta invade tu cabeza. ¿A que si? ‘El Golpe’, la mítica película de 1973 que encumbró para siempre la sociedad Newman/Redford. Esas si que eran sonrisas picaronas, las de los dos timadores más legendarios del séptimo arte.

Hacemos un pequeño viaje en el tiempo, corren los años 30 en la ciudad de Chicago, la época de la “Gran Depresión” americana. Dos timadores, Johnny Hooker y Henry Gondorff, deciden vengar la muerte de un viejo y querido compañero que ha sido asesinado por orden de un poderoso gánster: Doyle Lonnegan. Juntos forman una alianza y preparan un ingenioso y complicado plan con la ayuda de amigos y conocidos.

En un tiempo en el que el ordenador no existía y las si había que representar los años 30 había que tirar de ingenio (¡Qué dirección artística madre mía!), el cine comercial era capaz de entregarnos películas tan geniales como aquellas que provenían de autores pequeños. ‘El Golpe’ es el espejo en el que deberían mirarse muchas de las producciones costosas del Hollywood de hoy en día y que reunió tantísimas cualidades juntas que era imposible que algo saliese mal.

El guión (quizás en mayúsculas: EL GUIÓN), una pieza de relojería suiza capaz de mantenerte anonadado y que debería ser exhibido en las escuelas de cine, en las escuelas normales y nombrarlo patrimonio histórico de la humanidad. No exagero, no hay un guión de cine tan sumamente perfecto como el de ‘El Golpe’. Y este guión necesitaba de un tío sensato a los mandos, que fuese capaz de dar rienda suelta a sus dos dicharacheros protagonistas.

Ese fue George Roy Hill, un hombre muy olvidado por el cine y que realizó sus mejores trabajos junto a la pareja protagonista. No en vano es el director de ‘Dos hombres y un destino’, de la que hablaremos próximamente. Hill se encomienda al 16 veces nominado por la academia y tres veces ganador del Oscar director de fotografía Robert Surtees para cubrir cada fotograma con un toque clásico.

Hill, buen conocedor de lo que eran capaces Newman (sensacional) y Redford (espléndido), les da rienda suelta (no me olvido de Robert Shaw) para que, lo que iba a ser una película de timadores de bajo presupuesto, se convierta en un proyecto de primera categoría capaz de arrasar en los Oscars de la academia. Y permanece tan fresca como una lechuga. A día de hoy sigue desprendiendo un encanto sin igual.

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