Rush: Rivalidad adrenalínica

Durante la glamurosa y espectacular Edad de Oro de la Fórmula 1, dos grandes rivales se ven las caras en cada circuito: el apuesto playboy inglés James Hunt y su metódico y brillante oponente Niki Lauda. Dentro y fuera de la pista, los dos pilotos se presionan a sí mismos hasta llegar al límite de su resistencia física y psicológica en un mundo donde no existen atajos hacia la victoria ni margen de error. Si cometes uno, mueres.

criticaRush-Interior

Ron Howard (más allá del chiste de los Simpson sobre una tarta que habla y una máquina del tiempo) siempre me ha parecido un artesano muy correcto pero sin mucha seña de identidad, que a veces da en el clavo y sabe oler muy bien de donde puede sacar dinero (véase Dan Brown: la entretenida ‘Ángeles & Demonios’ o la desastrosa ‘El Código Da Vinci’).

Lo cierto es que en ‘Rush’ lo tenía fácil, la rivalidad real entre Nikki Lauda y James Hunt daba para exponer una historia épica que roza el estilo de las películas de superhéroes: por un lado tenemos al guapo y carismático (Chris Hemsworth derrochando porte) enfrentado contra el feo y apático (Daniel Brühl, mimetizado con Lauda). Dos polos opuestos obligados a coexistir y chocar. Ambos son muy buenos, ambos son los mejores, pero lo que no saben el uno del otro es que se necesitan mutuamente. Como el héroe necesita al villano y viceversa para existir. Lauda, desde su entendimiento de la mecánica, el esfuerzo y la dedicación hacía mejor a Hunt y Hunt, desde la perspicacia hacía mejor a Lauda.

Lo que logra Howard (muy aplaudible por ello), o esa sensación me ha dado, es que ha sido capaz de hacer trascender la historia más allá de las fronteras de la Fórmula 1. La rivalidad entre pilotos acaba siendo tan fascinante y atrapante, que hubiera dado igual el marco en el que estuviese.

Además Howard no se guarda nada, no se corta el pelo. Muestra la acción tal y como es (la limpieza de pulmones de Lauda, el accidente) apoyándose en dos actores dispuestos a dar el cien por cien por la historia. Y la música de Hans Zimmer haciendo que mantengas la tensión en el asiento.

Muy sorprendente y buena película (que no perfecta). Disfrutadla en cines mientras podáis.

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