Con la muerte en los talones: Cary Grant en apuros

Muy pocos directores entendían el cine como Alfred Hitchcock. El cine está para hacernos pasar buenos, malos-buenos ratos, para entretener, para asombrar… El maestro del suspense iba sorprendiendo con cada nueva propuesta y se sacaba de la manga argumentos increíbles con los que dejar a todos boquiabiertos. ‘Con la muerte en los talones’ es un claro ejemplo. Un ejercicio de estilo. Una manera de ver el cine como un vehículo para el divertimento dentro de una sala de cine.

Debido a un malentendido, a Roger O. Thornhill, un ejecutivo del mundo de la publicidad, unos espías lo confunden con un agente del gobierno llamado George Kaplan. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es interrogado, consigue huir antes de que lo maten. Cuando al día siguiente regresa a la casa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que había descrito.

Así, nace una de las películas más emblemáticas y recordadas del grandísimo Alfred Hitchcock. Para esta aventura, el famoso director tiró de otro de sus actores fetiche (ya hemos hablado de la importancia que tuvo para él James Stewart con anterioridad) y Cary Grant asumió el riesgo de dar vida al ejecutivo del mundo de la publicidad involucrado en una trama de espionaje. Grant da una lección de interpretación, de como ver a un tipo corriente metido en una situación impropia.

Estrenada durante la VII edición del Festival de Cine de San Sebastián, ‘Con la muerte en los talones’ tiene todo lo que el espectador necesita. Una trama (intrigante y salpicada con buenas dosis de humor) bien llevada y filmada por uno de los mejores directores de la historia del cine. Nos deja para el recuerdo escenas memorables (la escena filmada de incógnito en la ONU, la subasta de arte, las secuencias en el Monte Rushmore o la inmortal la escena del ataque del avión fumigador). La partitura de Bernard Hermann ayuda a aumentar la tensión.

Cada nueva película del director de ‘Psicosis’ supone una nueva aventura, adentrarnos a un terreno inexplorado y sucumbir ante el encanto de sus protagonistas, de la trama o del manejo del mismo tras la cámara.

Y recordad no perderos el habitual cameo del director, corriendo en esta ocasión para no perder el autobús. Vosotros corred y recuperarla.

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