Mystic River: La mayor de las tragedias

Como director, Clint Eastwood tiene algo especial. Su manera de manejar a los actores hace que la historia nos llegue hasta el fondo del corazón y, como sucede en ‘Mystic River’ (en mi modesta opinión, su película más redonda) nos remueva las entrañas a modo de grito ahogado. Por eso, cada vez que veo esta película pienso una y otra vez en que puede mirar cara a cara y de tú a tú a los clásicos de siempre.

Basado en una novela de Dennis Lehane, la historia se centra en los niños Jimmy Markum, Dave Boyle y Sean Devine. Los tres crecían juntos en un peligroso barrio obrero de Boston y pasaban los días jugando al béisbol en la calle. Pero, un día, a Dave le ocurrió algo que marcó para siempre su vida y las de sus amigos. Veinticinco años más tarde, otra tragedia los vuelve a unir: el asesinato de Katie, la hija de 19 años de Jimmy. A Sean, que es policía, le asignan el caso; pero también tiene que estar muy pendiente de Jimmy porque, en su desesperación, está intentando tomarse la justicia por su mano.

Dennis Lehane es un escritor estadounidense que está viendo su trabajos llevados a la gran pantalla de manera bastante reciente. ‘Mystic River’, que ganó el Premio Dilys (un premio de literatura americana) en 2002, fue la primera de todas, a la que siguieron las sobresalientes ‘Adiós pequeña adiós’ de Ben Affleck y ‘Shutter Island’ de Martin Scorsese. Se prevé que Affleck dirija la adaptación de otra de sus novelas ‘Live by night’ no tardando demasiado.

Y Lehane nos presenta a la mayor de las tragedias representadas en sus tres personajes principales maravillosamente interpretados por sus tres protagonistas. Tres actores que sacan lo mejor de ellos mismos para sumarse a la historia.

El primero de todos es Sean Penn, ese padre que ha perdido lo más importante que podía existir en la vida y no dudará en castigar al culpable con mano firme. Penn está cargado de ira, de odio y de esa tensión acumulada en los hombros que caracteriza a las personas que han estado en prisión Como sugiere el detective al que interpreta un sobrio Fishburne. Sus tatuajes, su forma de actuar. Es como si fuese el “mafioso” del lugar. «En mi interior sé que he contribuido a tu muerte, pero no sé cómo».

Al otro lado del cuadrilátero, tenemos a un impecable Tim Robbins como Dave, el chico secuestrado de pequeño. Un niño en el cuerpo de un hombre atormentado por sus fantasmas del pasado. El Dave niño murió, para dar paso a un vampiro convertido por culpa de sus captores.

Y en medio, ese tercer vértice del triángulo es Kevin Bacon en una interpretación fría y contenida. Su personaje es, quizás, el más sacrificado y menos reconocido de los tres. Su personaje debe ser capaz de dar juicio a todo lo que está pasando. Él es Sean Devine, el detective encargado de la investigación de la muerte de la hija de Jimmy y el compañero de ambos en la niñez. La enigmática historia que envuelve a la huida de su mujer es quizás el único posible “pero” que se le puede poner si cabe. Pero al final acaba siendo tan absolutamente necesario para descargar la tensión de la resolución final.

No me olvido de las chicas. No me olvido de Laura Linney, como la mujer de Sean Penn, que se revela como un personaje muy importante hacia el final de la cinta (con un monólogo que te deja sin palabras) y de Marcia Gay Harden, la destrozada mujer de Dave que ve evidente la culpabilidad de un marido y ya no es capaz de confiar en él.

A todo esto hay que sumar la perfecta dirección de Eastwood y la gran adaptación que hace Brian Helgeland del relato en el que se basa. Eastwood, apoyado en más de un travelling aéreo y la música de la película, es capaz de puntualizar los momentos de mayor tensión con un pulso formidable. ‘Mystic River’ fue un punto de inflexión en su carrera y a partir de ahí nos ha ido dando auténticos peliculones como director como ‘Million Dollar Baby’ (de la que hablaremos), ‘Gran Torino’ o ‘Invictus’.

Para mí, ‘Mystic River’ es una película de diez sobre diez. Una mezcla perfecta de la antigua forma de hacer cine, lejos de la abundancia de efectos especiales. Es una tragedia sin igual que cambiará para siempre (y para mal) el curso de la vida de sus personajes. Una película que se vio instantáneamente convertida en clásico.

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